Un estudio alerta sobre el riesgo de desprendimientos

Una mala planificación (o, cuanto menos, equivocada) del turismo desde hace décadas puede causar situaciones de riesgo en caso de emergencia en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, según se desprende de un estudio realizado en 2019 por Alberto Plaza Grueso (Análisis de riesgos naturales en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera -Albacete y Ciudad Real-: prevención y gestión. Universidad de Alicante. Máster en planificación de riesgos naturales).

El estudio apunta como un posible peligro evidente (impactos medioambientales aparte) tener casas a pie de lagunas, cascadas o ríos, pues las avenidas y riadas plantean situaciones peligrosas: “El turismo se puede vincular estrechamente al riesgo en este entorno, ya que dicha actividad ha transformado el territorio de manera notoria. La demanda que produce este espacio natural protegido (ENP) ha provocado la construcción de viviendas y edificaciones sin planificación (…) que no cumplen con las leyes actuales. Estas urbanizaciones no cuentan con la planificación adecuada para su integración en el paisaje; y tampoco están preparadas para posibles episodios de riesgos naturales.

Construcciones en la orilla pública de la Laguna del Rey.

El estudio también recalca que la mala gestión del Parque Natural, tradicionalmente promocionado como un espacio de baño, tiene un gran impacto negativo, pues hace que la mayoría de los turistas tengan “una visión de este entorno más cercana a una playa de interior que a un ENP. Esto favorece (…) que el visitante medio no sea plenamente consciente del entorno en el que se encuentra (…), de su impacto en el medio en el que se encuentra y de las posibles consecuencias negativas de sus acciones.”

Un turismo de mala calidad depara en la degradación del entorno. Laguna Salvadora.

Pero donde incide en un peligro “muy presente” es en los desprendimientos de rocas de los cerros colindantes a la carretera que recorre el margen derecho de las lagunas. El autor señala varios puntos donde distingue entre riesgo bajo, medio y alto (dependiendo de a qué infraestructuras podría afectar un posible desprendimiento), y propone medidas como “mallas de contención sin perjuicio de la calidad paisajística (integración paisajística)” o “medidas indirectas como favorecer la descongestión del tráfico en verano mediante transporte público para reducir la probabilidad de daños a vehículos y personas.”

Varios puntos concretos los ha calificado como de “riesgo alto”. El primero, en el “Camino del canal” (cerro urbanizado sobre la Laguna Redondilla), donde advierte de “posibles daños a viviendas y personas que las habiten y a establecimientos”, derivado de “paredes rocosas verticales con el doble de altura que las viviendas que se encuentran debajo, y que al mismo tiempo tienen viviendas construidas en la parte superior, claro ejemplo de urbanización espontánea en un entorno hostil.” Entre otras medidas como “mallas de contención”, “refuerzos o parapetos”, asegura que “lo más efectivo (…) sería un desalojo total o parcial de dichas zonas (…)”, aunque él mismo advierte de la impopularidad de dichas medidas, por lo que propone “incentivar [el] traslado de sus habitantes mediante ayudas.”

Carretera de la Laguna Lengua, punto exacto donde ya ha habido desprendimientos.

Otro punto de “riesgo alto” se encuentra un poco más adelante, en la “Calle Extramuros” del margen derecho de la Laguna San Pedra, que el autor identifica como “zona urbanizada expuesta a desprendimientos, con un restaurante situado junto a un escarpe de mayor altura que el propio restaurante”. El estudio advierte de la presencia de “bloques desprendidos de pequeño tamaño”.

Laguna San Pedro, “riesgo alto” de desprendimiento sobre un restaurante.

A lo largo de toda esa calle, el estudio advierte de la presencia de grandes rocas susceptibles de desprendimientos sobre viviendas, sus habitantes, vehículos y demás infraestructuras “que pueden quedar cortadas por bloques desprendidos” sobre “terrenos urbanizados justo al lado de paredes rocosas muy escarpadas de mayor altura que las propias viviendas.” Todo se agrava por la “fuerte pendiente y poca distancia entre escarpe y viviendas, por lo que están muy expuestas conllevando daños garantizados.” Se trata de una de las orillas más urbanizadas de todo el parque, con construcciones usurpando el libre acceso a la lámina de agua y la zona de servidumbre pública, lo que convierte toda la zona en una especie de embudo donde a penas caben dos coches; en algunos tramos, sólo uno de anchura, con el riesgo evidente en caso de emergencia.

Calle de Extramuros, laguna San Pedra (Google)

Otras zonas han sido estudiadas, especialmente los cerros aledaños a la carretera de la laguna Colgada y Lengua, donde se observan grandes riscos con riesgo de desprendimientos (se observan rocas en la cuneta de desprendimientos anteriores), aunque se califican de riesgo medio o bajo por la poca presencia de infraestructuras (construcciones, postes de electricidad, etc.). Pero, igualmente, se advierte de que, especialmente en el verano, es la única carretera de bordea las lagunas y soporta una gran afluencia de tráfico, con lo que el riesgo para los turistas en caso de desprendimiento es evidente.

Imagen tomada desde un vehículo sobre la carretera de la Laguna Colgada.

Con todo, el estudio apunta a que “lo más fácilmente comprensible es cómo los riesgos naturales pueden afectar a lo socioeconómico.” La casi total dependencia de Ruidera hacia el turismo estacional de verano hipoteca su propio futuro ante cualquier desastre natural: “Los turistas podrían rechazar este destino ante la posibilidad de que ocurra una catástrofe.” La paradoja es que “incluso parte de los propietarios [también rechazarían este destino, pues ellos mismos] tienen viviendas o comercios en zonas de riesgo.” No es gratuita la advertencia, pues no hace muchos años (en 2007) la aparición de grietas en la barrera tobacea entre las lagunas Santos Morcillo y Batana obligó a cerrar varias lagunas. Afortunadamente, según los estudios, no hubo mayores consecuencias, pero nadie puede descartar procesos similares en el futuro. La degradación de las barreras tobaceas, como las de la Lengua, son evidentes, agravadas por las trepanaciones realizadas hace décadas, que producen la erosión por escapes de agua que van excavando la propia barrera (proceso de sifonamiento).

Trepanación en la barrera de la Laguna Lengua.

Una de las conclusiones del estudio advierte de la poca concienciación sobre riesgos naturales en esta zona, posiblemente debido a la ausencia de éstos, que da la impresión de que la gestión es buena, adecuada o suficiente. Craso error: “Existen zonas en las que la planificación ha sido nula, como las urbanizaciones espontáneas.” Y da un dato clave: “La correcta gestión no sólo consiste en no repetir errores del pasado, sino también subsanarlos en la medida de lo posible.” Y concluye: “Es necesaria una mejora [en la información pública] para favorecer la investigación (…) y comprender realmente las áreas que presenten peligrosidad por riesgos naturales.” Esperemos que no nos acordemos de este artículo en el futuro y nos lamentemos de no haber hecho caso al estudio.


Héctor Campos, escritor y fotógrafo.