La destrucción de las tobas (3ª parte: las trepanaciones)

La mayor agresión de todas: destruir directamente a base de pico o dinamita las barreras que la Naturaleza ha tardado siglos en levantar.

Agujero artificial por el que se escapa el agua de la Laguna Lengua.

Problema 3º: las trepanaciones
Las primeras trepanaciones en las barreras tobáceas de Ruidera se realizaron hace siglos con la instalación de molinos y batanes, que tuvieron su auge en el siglo XIII, cuando pasaron a ser cruciales en la economía. En Ruidera se instalaron nada menos que treinta artilugios de este estilo en cincuenta kilómetros de curso fluvial (Marín, 2007). Los principales daños fueron la excavación de canales (sobre la misma toba) para desviar caudales hasta las máquinas y afrontar períodos de sequía. Más tarde, en los albores del siglo XX, los batanes se reconvirtieron en centrales hidroeléctricas. Pequeñas, en un primer momento. Más grandes, después. La escasez de grandes embalses en España hizo que las lagunas de Ruidera, con su caudal más o menos estable y los desniveles entre lagunas, fueran un lugar idóneo para esta industria (en una época en la que no existían estudios de impactos medioambientales). Se instalaron los edificios en las barreras tobáceas, rompiendo todo lo que fuera necesario y construyendo, también, las casas de los empleados aledañas. Trepanaciones sistemáticas de todas las lagunas, perforación de canales y desaguaderos artificiales para garantizar flujos, evitar inundaciones y regular caudales, lo que rompió el equilibrio ecológico natural. Esta imagen sintetiza algunos de los principales elementos perturbadores de una central hidroeléctrica, en este caso, sobre una imagen de principios del siglo XX:

La central de Santa Elena, un caso arquetípico
En este caso concreto, la Central de San Elena precisaba de un salto de agua con la suficiente altura para generar una potencia determinada. Para conseguirlo, se instaló una toma de aguas en la Laguna Sampedra (casi cuatro kilómetros valle arriba) y se construyó un canal que transportara dicha agua con una pérdida de gradiente mínima hasta el canal de abastecimiento de la central, donde se instalaron dos tuberías por donde el agua bajaba a gran velocidad para producir la energía. El agua sobrante iba directamente a la Laguna Colgada sin pasar por la Redondilla, la Taza, la Lengua, la Salvadora, la de Ibáñez (hoy, Santos Morcillo) ni la Burrucosa (hoy, Batana). De esta manera se interrumpía el caudal natural entre las lagunas, y hacía que las intermedias mermaran sus niveles hídricos hasta llegar a secarse (amén de causar estragos en la fauna). Un hecho grave para las barreras tobáceas, pues precisan del flujo constante de agua para su construcción y perpetuación. No sólo en cantidad, sino en calidad, pues varios estudios han demostrado que los procesos de precipitación de carbonato cálcico son muy sensibles a la polución de las aguas. Cerradas las centrales hace décadas, en la actualidad este riesgo lo componen los vertidos fecales de poblaciones, viviendas e instalaciones recreativas situadas a lo largo de todo el Parque Natural, y a la llegada de nitratos, fosfatos y demás contaminantes de los cultivos que en grandes superficies existen en los alrededores (Casanova, 1986). La Central de Santa Elena es un resumen de errores que manifiesta muy bien el desconocimiento del hombre en aquellos días sobre las Lagunas de Ruidera, pues las veía simplemente como “acumulaciones de agua” que aprovechar.

El “Chorro de las minas”
Empezando por las lagunas altas, una de las primeras trepanadas fue la Tinaja. Esta laguna presenta algunas de las paredes verticales tobáceas más impresionantes de todo el parque, que contenían el agua y creaban vistosas cascadas sobre la Laguna Sampedra. Pero dicha barrera fue trepanada por diversos lugares a principios del siglo XX para evitar la inundación de la central de Ruipérez y mejorar su rendimiento de la de Santa Elena. El más conocido, “El Chorro de las Minas”, es un canal a cielo abierto muy estrecho (realizado en 1917 muy seguramente aprovechando una fisura natural). Dicho canal prácticamente desecó la Laguna Tinaja, que jamás podrá recuperar sus niveles naturales de llenado (seis metros por encima del actual). La laguna que hoy vemos es, pues, una sombra de lo que fue. Eso compromete también las paredes tobáceas y las terrazas voladas, pues quedan a decenas de metros del agua, expuestas perpetuamente a la intemperie, lo que poco a poco las irá degradando, proceso acelerado por la colonización de arbustos, plantas y árboles, cuyas raíces las van deshaciendo.

“El Chorro de las minas” desecó la Tinaja.
Laguna Tinaja: el agua, que debería coronar la pared de piedra, queda a varios metros laguna adentro. Las tobas, poco a poco, se van degradando al estar a la intemperie.

No es la única trepanación realizada. Existe un túnel que perfora de lado a lado la misma barrera. De esta manera, las cascadas desaparecieron para siempre y sobre ellas se construyeron chalés. Así todo el sistema hídrico natural de la laguna murió, incluyendo las que probablemente fueron las cascadas más vistosas e interesantes del Parque (no queda nadie vivo que las haya visto ni fotografía que lo atestigüe). Ya a mitad del siglo XX fueron atravesadas para construir escaleras y accesos privados para las casas asentadas sobre las propias terrazas voladas. En estas barreras, además, se localizan interesantes petroglifos que están desapareciendo. Con el descenso del nivel en este lugar se perpetró otra serie de tropelías que abordaremos más adelante en el siguiente capítulo.

Laguna Lengua
En la barrera que separa la Lengua y la Salvadora encontramos una de las trepanaciones más vistosas y dañinas, pues el agua se escapa por una gran boca abierta en la toba, muy profunda. Esta boca ha servido de acceso o puerta de entrada a la laguna Lengua cuando se secaba. A simple vista se ve el “bocado” practicado en la barrera tobácea, por donde el agua se escapa irremisiblemente cuando el nivel sube en época de crecidas. De esta manera, el agua va excavando y destruyendo la propia barrera, arrastrando sedimentos y profundizando el “cañón” por la fuerza del agua, en vez de continuar la labor constructiva que tendría de forma natural con la cascada en “cortina” original a lo ancho de toda la barrera. Si no se remedia, a largo plazo supondrá la destrucción total de la barrera y, probablemente, la desaparición de la Laguna Lengua.

GALERÍA FOTOGRÁFICA, PASE LAS IMÁGENES:

Laguna Salvadora
Aunque menos vistosa, la barrera tobácea entre las lagunas Salvadora y Batana también presenta daños por donde el agua se escapa:

Trepanación en la barrera de la laguna Salvadora.

Ocurre lo mismo en la Santo Morcillo:

Trepanación en la laguna Santo Morcillo.

La Laguna Batana tiene varias trepanaciones significativas, al estar asentada ente ella y la Colgada la central de Santa Elena, algunas de ellas tienen compuertas o pasos subterráneos:

GALERÍA FOTOGRÁFICA, PASE LAS IMÁGENES:

Laguna del Rey
La barrera de la laguna de Rey, la más grande, ha sido excavada para construir las tomas de la central hidroeléctrica de San Alberto y de la fábrica de pólvora, lo que alteró todo el curso natural del sistema de cascadas del Hundimiento, variando sus cauces y extinguiendo antiguas cascadas. Además, ha sido masivamente urbanizada, lo que nos sirve de puente para continuar en el próximo capítulo: las urbanizaciones.


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