El primer cementerio de Ruidera

El año que viene se cumplirán cuarenta años de la demolición del primer cementerio de Ruidera. A lo largo de los años han aflorado restos óseos que constatan exhumaciones poco rigurosas. Los hechos fueron denunciados en su día en la prensa, que bautizó el lugar como “la playa de los muertos.”

Lugar exacto (en la actualidad) donde estuvo el primer cementerio de Ruidera1.

Dormitorio de muertos
Pocas cosas unen más a una comunidad, incluso a los agnósticos, que el respeto hacia nuestros muertos. La palabra “cementerio” viene del latín tardío “coemeterĭum”, y éste del griego bizantino κοιμητήριον (koimētḗrion), que significa literalmente “dormitorio” (rae.es), pues (según la tradición cristina) los cuerpos dormían hasta su resurrección. El ser humano es el único animal que entierra a sus congéneres en lugares construidos expresamente para ello. En Europa lo llevamos haciendo desde hace unos cuarenta mil años. Aunque aprendimos tempranamente que había de hacerse en terrenos apartado de las ciudades (porque el mundo de los vivos no podía mezclarse con el de los muertos), más adelante proliferaron los enterramientos en lugares sagrados, como las iglesias, cuando las jerarquías superiores demandaron un trato de favor, pues querían conservar sus privilegios aun después de muertos (lo que lograron con el Concilio de Toledo de 792). Algo que en la Edad Media se prohibió (para casi todos), y se impuso el modelo de enterramientos hacinados en terrenos y fosas comunes, sin ataúdes ni mantenimiento, aledaños a las iglesias, lo que causó graves problemas de salud.

Imagen de los años 70: el cementerio convive junto con la nueva construcción de ocio justo antes de ser demolido, a orillas de la laguna del Rey y junto al canal de toma de aguas de la antigua central hidroeléctrica de San Alberto.

Los primeros cementerios
Las epidemias demostraron que era necesario el modelo de enterramientos en las afueras de los núcleos urbanos. Por la Real Cédula de 1787 se prohibieron los enterramientos en las iglesias (excepto para algunos privilegiados). Se empezaron a publicar las primeras órdenes de cómo construir los nuevos cementerios a finales del XVIII. El de San Ildefonso (Segovia) fue el primer cementerio cristiano civil de nuestro país, ordenado construir en 1783, que marcó la pauta para la mayoría de los cementerios que se empezaron a construir desde entonces.
En Ruidera tuvieron que pasar más de 60 años hasta tener el propio. Así, los poco más de ciento cincuenta habitantes pudieron reunirse a llorar a los suyos desde que en 1847 los señores Llanos y Cía. construyeran un camposanto con la ayuda de los propios ruidereños. El lugar elegido fue la Vereda Real, sobre la amplia barrera tobácea que represa la Laguna del Rey, a unos trescientos metros del pueblo.

Vista aérea de 1965 en la que se aprecia (señalado con una flecha) el antiguo cementerio de Ruidera.

El “corral de los muertos”
Sencillo, humilde y nada fastuoso, el “corral de los muertos” (según explica el escritor ruidereño, Salvador Jiménez en su libro “Real Sitio de Ruidera”) desprendía una energía especial. Ni mármoles ni mausoleos, ni fotografías ni apariencias vanas; era el de Ruidera un lugar de recuerdo, en pleno campo, lleno de luz, cruces de madera clavadas en la tierra desnuda, tarros de cristal con plantas del mismo monte… Y el sonido del agua libre discurriendo aledaña, como símbolo de la misma vida que se escapa, por muchas compuertas que construyamos, siempre fluye.

El antiguo cementerio de Ruidera, del libro “Real Sitio de Ruidera”, de Salvador Jiménez (Ed. Soubriet, 2000).
“Real Sitio de Ruidera”, de Salvador Jiménez Ramírez. Ed. Soubriet (2000)

El mismo año de su demolición, José Díaz Pintado advirtió: “Si [los ruidereños] no se preocupan, hasta podrían instalar una sala de fiestas, donde se muevan las parejas al ritmo de una música erótica, por encima de donde estuvieron los restos de sus antepasados, que ni muertos se les permitió descansar en paz.”

Premonitorio pensamiento de José Díaz Pintado en 1981

En los años 60 del pasado siglo, Argamasilla de Alba (Ruidera era su pedanía) vendió los terrenos a particulares. La excusa ofrecida era que el camposanto ocupaba terrenos de una vía pecuaria. Algunos lugareños advirtieron que la especulación estaba realmente detrás de esa maniobra. En cualquier caso, en abril de 1981 el primer cementerio de Ruidera moría bajo las palas de las excavadoras.

Imagen publicada en 1981 en el periódico Lanza2

La polémica llegó no sólo por el hecho en sí, sino por sus métodos: maquinaria pesada para desenterrar restos humanos, que aparecieron incluso dentro del agua del que se abastecía el pueblo para su consumo. Algo que fue denunciado en su día sin que hubiera repercusión alguna. Después de todo, ¿se dejó libre el terreno para la susodicha vía pecuaria? Ya se había constituido la figura de parque natural, por lo que era de esperar un uso adecuado a él. Nada más lejos: se construyó un complejo hostelero que, con el paso de los años, incluyó una playa artificial y un aparcamiento asfaltado. Hoy las autoridades controlan el aforo para evitar la propagación del covid-19.

Comparación histórica, deslice el cursor hacia ambos lados.
Izquierda: 1956. Derecha: 2018.
El cementerio, en la imagen en B/N, es el rectángulo del centro.
Mapa de 1899 donde se ve claramente la ubicación del antiguo cementerio.3
Imagen actual con la ubicación del antiguo cementerio.1

“Ya sabemos de qué forma (por sorpresa) y por qué procedimiento (con máquina excavadora) ha sido demolido (el pasado abril) un cementerio que recibió enterramientos hasta noviembre de 1970. Y conocemos el tétrico cambio que la especulación ha producido en Ruidera: su viejo cementerio por la flamante ‘playa de los muertos’, en la laguna del Rey.”

Diario Lanza, 27 de mayo de 1981
Primer cementerio de Ruidera. Foto cedida por Salvador Jiménez.
Momento de la exhumación de restos humanos, metidos en sacos, en 1981.
Imagen cedida por Salvador Jiménez.

Los muertos vuelven
Cuando a mitad de los años 90 las lagunas reventaron de agua, ésta se desbordó por este lugar, desenterrando huesos (incluyendo restos de calaveras), hecho denunciado por el investigador y escritor local Salvador Jiménez, quien informó a la Policía Local. Según recogió el “Periódico del Común de la Mancha” (nº 113, del 6 al 19 de junio de 1997), “algunos vecinos expresaron su indignación por este suceso. Empleados del ayuntamiento los quitaron de la zona. Aunque los restos fueron trasladados en su día al nuevo cementerio, quedaron algunos restos de fosas de familias que se descuidaron y de la fosa común.”

Deslice las flechas para comparar. Izquierda: imagen de los años 70 en la que se aprecia el cementerio (rectángulo oscuro) al lado del recién construido centro de ocio (construcción de la izquierda) conviven justo antes de la demolición del primero para dejar sitio al aparcamiento y la playa artificial. Derecha: imagen actual (2018) con el centro de ocio y su aparcamiento sobre los terrenos del antiguo cementerio.

Danza macabra
No debieron de ser muy efectivos los trabajos de retirada de restos humanos de 1997, pues cuando quince años después la laguna volvió a desbordarse (ya en los años 10 de este siglo), una nueva danza macabra de huesos afloró.
Todo ya había sido advertido muchos años antes en la prensa regional por el propio Salvador Jiménez, el primero que informó de la demolición del cementerio, el 14 de mayo de 1981 en un artículo en el diario Lanza. La noticia indignó a los lugareños. Así, unos días después, José Díaz Pintado escribió un estremecedor artículo donde podemos apreciar su enojo cuando vio desaparecer un lugar tan entrañable. Lo reproducimos aquí textual e íntegramente:


Censurable demolición del cementerio de Ruidera.

“Es mucho lo que he batallado en defensa de las Lagunas de Ruidera, mucha la vinculación que me ha unido a la aldea y más el afecto que siento por sus gentes, para que dejara de tomar una vela en este entierro. Palabra apropiada puesto que de enterramientos se trata.
“Cuando recibí la noticia de la demolición del cementerio de Ruidera, no me extrañó en absoluto, puesto que conocía desde hace tiempo intereses particulares por su desaparición. Conocía los motivos por los que se quería demoler y las presiones que –en tiempos pasados– se ejercieron sobre algunos miembros de la corporación municipal de entonces, a los que no se llegó a convencer en ningún momento; pues de sobra sabían los componentes que aquella corporación, que a nadie podía favorecer la demolición del cementerio (salvo a alguien en particular) y sí en cambio, podía provocar problemas, como en realidad ha ocurrido.
“Por razones que no vienen al caso, sabía que un día u otro la destrucción del viejo cementerio tenía que llegar. Pero nunca pensé que un recinto lleno de recuerdos afectivos, regado tantas veces con lágrimas y flores, que conservaba los restos de los sufridos ruidereños desde hacía ciento cincuenta años, iba a ser tratado con tan poco respeto, despreciando –a veces– los derechos humanos, cívicos, higiénicos y religiosos. Es lógico que existan autorizaciones para la demolición pero ¿qué persona, técnico o responsable, dirigió y supervisó las obras? Pues según el criterio de muchas personas de Ruidera, los trabajos de monda no se efectuaron con arreglo a las normas exigidas en estos casos.
“De sobra sabemos que no estamos en tiempos de sentimentalismos, pero sí de respetar y conservar los recursos de la naturaleza, contra los que se han atentado. En este caso, contra el agua potable de la Laguna del Rey, en las que, según testigos presenciales –y hay fotografías que lo corroboran– se empezó a verter parte de la tierra aún impregnada de sedimentos humanos, sin descartar la posibilidad de que también fueran revueltos algunos huesos.
“Gracias a las personas de la aldea que se dieron cuenta del sistema empleado, y con sus protestas, consiguieron que se retiraran los escombros y vertidos y no se vertiera más.
“Todos sabemos que el agua escasea. Y que en muchos sitios se ha declarado la alerta roja, incluida la capital de nuestra provincia, mientras las Lagunas de Ruidera contienen varios millones de metros cúbicos de agua potable y son una fuente inagotable –aun en años de sequía– de donde se surten los vecinos de Ruidera, de Tomelloso y de Argamasilla de Alba. Pero ¿qué pasará si algún día, por la falta de responsabilidad de algunos y la apatía de otros –que pueden evitar irregularidades y no lo hacen– se contaminaran las aguas de este oasis de La Mancha? ¿Qué clase de alerta se aplicará a los mencionados pueblos? De momento, da pena ver las mujeres de Ruidera, cargadas con cántaros, garrafas y otros envases, que van a buscar agua a las fuentes naturales, despreciando la comodidad de usar la de los grifos de sus domicilios para beber y hacer comidas. Esto en cuanto al agua se refiere, pero volvamos a lo del cementerio.
“Se dice que el recinto del cementerio estaba enclavado en terreno de vías pecuarias. ¿De quién es ahora ese terreno? ¿Qué aplicación se le va a dar al mismo? Es un hecho indiscutible que queda dentro de la zona comprendida como parque natural de las Lagunas de Ruidera y alrededores, según el Real Decreto 2610 – 1979 de 13 de julio. ¿Quién tiene la obligación de hacer que se cumplan las normas hasta ahora exigidas? Con el debido respeto, voy a dar a conocer mi modesta opinión: Creo que por las Lagunas de Ruidera anda rondando algún Merlín encantador, que encanta y desencanta a su modo, y que ya va siendo hora de que se identifique y se le aplique el tratamiento adecuado.
“En cuanto a la demolición del sagrado lugar, es problema exclusivo de los ruidereños. Ellos deben decidir la aplicación que se debe dar a esos terrenos, y solicitarlo ya de las autoridades competentes. Pues si no se preocupan, hasta alguien podría instalar en ellas una sala de fiestas al estilo italiano… –o español, que para el caso es lo mismo– donde se muevan las parejas al ritmo de una música erótica, por encima de donde estuvieron los restos de sus antepasados, que ni muertos se les permitió descansar en paz.”

Periódico Lanza, 17 de mayo de 1981
Por José Díaz Pintado
Recorte original.2

Héctor Campos, escritor y fotógrafo

1: Tomado de una vista actual de Google Maps.
2:Archivo personal.
3:“Plano del cierre de la Laguna del Rey: Fábrica de Pólvora y cercado de D. Félix García Ibarrola.” Ministerio de Cultura. Archivo General de la Administración. Signatura: AGA legajo 15.018