Las lagunas de Ruidera y el Hombre (I)

Las lagunas de Ruidera han sido fundamentales a lo largo de la Historia. Buena prueba es la abundancia de yacimientos arqueológicos de muy distintas épocas esparcidos por todo el territorio. Pedro R. Moya-Maleno, Doctor en Historia con Mención Europea por la Universidad Complutense de Madrid, nos desgrana en una serie divulgativa las principales razones por las que el Hombre ha elegido estas tierras como su hogar a lo largo de los siglos.

LAS CLAVES:

  • El Campo de Montiel fue una puerta de entrada.
  • Después de trashumar, las lagunas eran un oasis.
  • Los pozos fortificados nos hablan de crisis hídricas.
Panorámica de una zona del Campo de Montiel.

El Campo de Montiel
El hallazgo de dos molares inferiores de una especie primitiva de tejón en la cueva de los Toriles (Carrizosa) ha puesto en el candelero arqueológico el Campo de Montiel. Pedro ha tenido la oportunidad de ser parte del grupo de investigadores, y nos comenta que “el Campo de Montiel está infravalorado porque no ha sido muy estudiado”. Hay mucho que descubrir. Le preguntamos cuál es la característica que lo hace especial, diferente al resto. “Lo más importante es lo que más se ha estudiado.” Él rompe el tópico de que sea una tierra de paso, excusa que se suele usar para justificar la (supuesta) ausencia de poblados en ciertas zonas (ausencia que a su vez es fruto principalmente de la poca investigación). Pedro puntualiza: “Es tierra de paso, pero todas lo son, incluso el litoral, porque es tierra de paso para quienes embarcaban.”

“El Campo de Montiel está infravalorado porque ha sido poco estudiado. Pero cultura tras cultura ha sido determinante.”

Puerta de entrada
Sí reconoce que la posición del Campo de Montiel es crucial debido a la orografía: “No es baladí, porque es una zona de paso natural entre la meseta y la alta Andalucía, y la cuenca alta del Guadalquivir. Además, es una altiplanicie con cierta identidad geográfica comarcal, y eso la hace ser tierra de paso, porque tenemos las Sierras de Alcaraz, la del Segura (que están haciendo de murallas) respecto al sureste, y debajo del Campo de Montiel nace toda Sierra Morena, que llega hasta Extremadura. Entonces el paso en nuestra zona son unos veinte kilómetros de suaves lomas.” Hubo que esperar a finales del siglo XVIII para que Despeñaperros se convirtiera en un eje vertebrador (“que se abrió a pico y pala, por lo que es un paso muy forzado por decisión de Carlos III”). Por eso, asegura, “la importancia del campo de Montiel es que todo el flujo de influencias de Andalucía, que es uno de los primeros ejes urbanos de la Península, está pasando por ahí, desde el calcolítico, la Edad del Bronce, el llamado ‘camino de Aníbal’ (que es la superposición constante de ese mismo paso, que luego será vía romana)… Cultura tras cultura eso ha sido determinante. Y se traduce en que tenemos yacimientos muy importantes, como el Castillejo del Bonete (Terrinches), puntos también de época calcolítica, con parte del Bronce, y también hay elementos de un mundo preindustrial.”

Castillejo del Bonete1

Parada y fonda
Esa abundancia de poblados en el Campo de Montiel a lo largo de la Historia tiene explicación: “Tenemos que salirnos de nuestra esfera urbanita actual y pensar que esta gente vivía en un mundo en que si te pillaba la noche en medio de Sierra Morena las podías pasar canutas. En todas las ciudades antes y después de Sierra Morena siempre había puntos neurálgicos para retener a la gente o reanudar la marcha, para repostar, etc. Esa dinámica siempre va a estar funcionando. Ciudades o villas como las del corredor de la vía Augusta, como Ontavia [Terrinches] o Mariana2. Pero luego, también, en época romana, la ciudad de Laminium, en Alhambra. Eso se va a estar repitiendo a lo largo de la historia, hasta acabar siendo como Villanueva de los Infantes, que es lo que es por ser un punto de paso fundamental. Hasta el siglo XVIII ha sido zona de mercadeo de este tipo. Además, hasta hace dos días había trashumancia directa a esas zonas.”

“Después de trashumar, llegar a Ruidera es una exageración. Es una zona fundamental. Por eso hay yacimientos de todas las épocas.”

Las lagunas de Ruidera, el oasis
Tenemos así a unos viajeros y trashumantes que han recorrido kilómetros y kilómetros, han pasado penurias, con suerte no han sido asaltados… Y, de repente, llegan a un verdadero oasis. Sólo tienen que restregarse los ojos después de tanta sed: “Hay zonas específicamente brutales como las lagunas de Ruidera. Son fundamentales porque, después de pegarte la paliza de estar trashumando, llegar a Ruidera es una exageración. Yo he trashumado varios años, he cruzado Sierra Morena, y siempre he llegado hasta Ruidera. Ver a los ganados aterrizar secos de los chaparrales te hace ver que es un punto interesante en sí mismo: es agua, son pastos perpetuos (por condiciones climáticas más atenuadas) y luego tiene recursos piscícolas, caza… Eso hace que en Ruidera tengamos yacimientos de todas las épocas y condición, porque la gente buscaba sitios donde sobrevivir.” Testigo de ese auge son los 29 yacimientos estudiados por Andés Ocaña Carretón (“Las lagunas de Ruidera durante la edad del Bronce: un territorio jerarquizado”, Trabajos de prehistoria, 59, nº1 ,2002,pp. 167 a 177.), de los que 26 están en lugares elevados de fácil defensa. Sólo 6, en el fondo del valle.

Las lagunas de Ruidera eran un oasis tras trashumar.

Proteger el agua
Las lagunas de Ruidera, y en general el Campo de Montiel, reúnen unas peculiaridades que la distinguen del entorno que la rodea. “No es la ‘Mancha manchega’. Tiene unas condiciones más atenuadas.” Por eso no es de extrañar que en unas tierras predominantemente secas abunden artilugios hidrológicos como batanes, molinos, centrales, represas… Está claro: “Somos seres que necesitamos agua y la buscamos.” Nos llama la atención, sin embargo, las fortificaciones como las de las motillas (Bronce Manchego) sobre llano (véase la de Azuer). Pedro nos recalca su particularidad: “La fortificación es igual a todos los bronces de la época: se jerarquizan, tienen la capacidad para organizar a la sociedad y hacer defensas, pueden ser muy beligerantes, y también tienen ese punto visual, de demostrar de lo que son capaces de construir. Pero la particularidad de la Mancha es que lo hacen en torno a pozos. Surge la duda: ¿por qué fortifican estos puntos?”

Motilla del Azuer, en Daimiel, fortificación en torno a un pozo de agua dulce.
Motilla del Azuer, vista del pozo, el más antiguo del que se tiene constancia en la Península.

Las motillas, pozos pioneros
Las fortificaciones en alto son muy comunes y evidentes: “Los castellones, como los muchos de Ruidera (la Mesa del Almendral, Cerro de la Cantera, Morra de la Conceja, Chicano, Gavilán…) son poblados fundamentales para proteger el entorno. Pero son todos en alto. Los curiosos son los de llano, como Santa María y la de Retamar [ambas en Argamasilla de Alba]… Incluso la Jacidra, una motilla que arrasaron entre la laguna Blanca y el Ossero [lagunas de Ruidera].” Respecto a la Jacidra quedó testimonio de su destrucción en la crónica que Salvador Jiménez hizo junto a Antonio Chaparro Sabina en “Las lagunas de Ruidera en el tiempo” (autoedición, 1989), donde narran cómo la vieron desaparecer ante sus ojos por estorbar a unos agricultores, y cómo los restos arqueológicos (incluyendo abundantes restos humanos) fueron amontonados y retirados como escombros. Pero el misterio, pese a su destrucción, continúa: “Piensas: ¿por qué se asientan en torno a estos lugares llanos?”

Motilla del Azuer (Daimiel).

Crisis hídricas
¿Por qué proteger un pozo de agua? ¿Acaso no había suficiente con los ríos o las lagunas? Pedro intenta contestarnos: “El clima ha cambiado a lo largo de la Historia. Posiblemente fuera durante una crisis hídrica o climática, y el valor del agua fuera fundamental, incluso ganaría poder. La llamada ‘Pequeña Edad del Hielo’ [desde principios del siglo XIV hasta mediados del XIX, lapso de tiempo en el que el hemisferio norte se enfrió un grado centígrado, con tres mínimos] son pequeñas glaciaciones que causan el retraimiento de las masas acuíferas, la congelación de los ríos…” Así que los habitantes tuvieron que ingeniárselas para proteger su oro líquido. Les iba la vida en ello. “Posiblemente estemos ante eso: cómo funciona el agua en la comarca, soportando esas crisis hídricas”. A lo largo de los siglos, la región se acostumbró a los períodos fluctuantes: riadas y sequías. Abundancia y escasez. Es una zona con sus particularidades que deparó en ingenios propios: “Los molinos harineros y batanes que hay no son como los del resto de la Península Ibérica, donde hay carpinterías, herrerías y demás industrias que están funcionando con fuerza hidráulica constantemente. Aquí los molinos dan para lo justo, más que nada en invierno.”

“Los molinos y batanes del Campo de Montiel no son como los del resto de la Península Ibérica.”

La cultura de las motillas
Afortunadamente pasaron los oscuros días en que las motillas eran montículos que estorbaban para sembrar y se echaban abajo sin misericordia (aunque desgraciadamente en ocasiones aún ocurre). Ya deberíamos ser conscientes de su valor. Se consideran los ejemplos más antiguos de captación de agua subterránea en toda Europa (calcolítico-edad del Bronce). Y son únicos de la Mancha. Un tesoro. Junto con otro tipo de asentamientos, como los poblados en altura, los castillejos (o castellones, depende de la denominación local), cuevas y demás, forman la denominada “Edad del Bronce Manchego” o “Cultura de las motillas”. Tres son visitables en la actualidad: Azuer (Daimiel), El Acequión (Albacete) y Retamar (Argamasilla de Alba). Aunque sólo la de Azuer ha sido completamente restaurada, consolidada y musealizada. Es, precisamente, la que más asombro causa: toda una fortificación en torno a un pozo de agua que sigue funcionando en la actualidad, con fluctuaciones de niveles considerables según los estiajes y las crecidas, llegándose a anegar el yacimiento.

Ruinas de viejos molinos, en Ruidera.

Ruidera, lugar de disputa
Las motillas son testimonios de las irregularidades hídricas marcadas por la naturaleza. Pero Ruidera siempre gozó de un régimen más generoso: “En Ruidera el agua sí es constante, de ahí que sea un lugar de disputa por las órdenes militares, que existan los molinos del rey, los de la pólvora, etc., porque no se puede desaprovechar ese recurso de aguas perpetuas.” Eso explica una riqueza arqueológica impresionante de épocas muy diversas que se van superponiendo. Por eso en el próximo capítulo nos adentraremos en las sucesivas identidades arqueológicas descubiertas y los motivos de su desaparición. Y volveremos a contar con la inestimable ayuda del Dr. Pedro R. Moya-Maleno.


Héctor Campos, escritor y fotógrafo.

1 Cultura Castilla-La Mancha, Consejería de Educación, Cultura y Deportes.
2 Cerca de Bolaños, según A. Blázquez. Puebla del Príncipe, según A. Fernández-Guerra, E. Saavedra, F. Coello, e I. Hervás y Buendía. Nuestra señora de Mairena, de forma más reciente, por M. Corchado Soriano, J.M. Roldán Hervás, A. Tovar, G. Alföldy y P. Sillières.

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