La misteriosa barcaza en la laguna del Rey, en tiempos de mi infancia (y II)

CAVILACIONES EN RUIDERA, POR SALVADOR JIMÉNEZ RAMÍREZ

No era ninguna primicia, escuchar en el ámbito social aldeano, en las chácharas callejeras y “de puertas pa dentro”; en comentarios acalorados, a veces, como aquél: “si tú no sabes na, el que sabía de aquello era uno de Manzanares, que venía con los de “La Casa Grande” y de “La Casa la Gata”, al cazucheo; cuando venía el torero Montero…

Y decía entonces aquél señor, que cuando los Molinos de la Pólvora estaban a tutiplén, apartaban pólvora pa el ejército; pa las minas y pa la caza… Y probaban la pólvora tirando con un cañoncete encarao pa la Laguna del Rey, desde las inmediaciones de La Compuerta del Río del Caño y desde Las Eras… Pero y que en rachas que las cosas se pusieron feas por toas partes, y por aquí era un desastre con el paludismo, las calenturas tercianas y los ladronicios, aquella “Barquilla” de señores de antes, que los pescaores de Ruidera no podían aprovechar, por lo grandullona que era, les servía a algunos de blanco, en sus francachelas, pa probar la fortaleza de las armas; hasta que la hundieron a pepinazos…”. Las interpretaciones se intrincaban entre barboteos y risas, y los más parlanchines hacían hincapié en suposiciones, hechos y fechas que, por carecer de rigor histórico y tener mucha carga de fábula, no han sido tenidas en cuenta… Con el paso del tiempo, imprevisiblemente transformado que continuará siendo este entorno natural; (vistas las “danzas” o “ceremonias” de confusión e “inspiración” extremas; comportándose como dopada, gran parte de, la invasora panda) cuidándolo o maltratándolo como ahora en los mega-veranos; (“otrosí” vendrán mega-inviernos) colmatándose y vaciándose todo de nuevo, alguna “espora” surgirá de aquella Misteriosa Barcaza o “Barquilla” grandullona… Como declamara Lope de Vega, en su “Pobre Barquilla Mía”: “(…). ¿Adónde vas perdida? ¿Adónde, di, te engolfas? Que no hay deseos cuerdos con esperanzas locas. (…). Para los altos mares no llevas cautelosa, ni velas de mentiras, ni remos de lisonjas.”.

Bogando hoy por la lámina de la añoranza, me regocija el recuerdo de aquellas vivencias y en cierta manera, también me afonda como la barcaza aquella… Cuando voy entrando ya en las oscuras nubes de la existencia y sin poder “escapar” de un estragado y tibio “mar” social, a tentarujas en mi mente, me veo chapoteando en la laguna con otros críos, bamboleándonos en la barcaza aquella y en los ceñidos y puntiagudos barquichuelos de los pescadores nativos; (calafateados con parches de brea, latones, lonas y pegotes de mortero de cal y arena) cuando los chiquillos los descubríamos ocultos entre carrizos, juncos y masiegas… Y agazapados sobre ellos, mientras nuestras madres aseaban los ásperos paños y pálidas y zurcidas prendas, en “El Lavadero” de la “Laguna del Rey” y los oreaban en los junquerales rayanos con la laguna, pescábamos sartas de calandinos y cachos, con anzuelos pergeñados con alfileres e imperdibles, encordelándolos con bramante… Y con un varejón de los pescadores, tratábamos de ensartar algodones de los hologramas de los cielos y hacernos con la Luna… En aquel “Lavadero”, especie de rigola, entre sus ocho losas de piedra donde el vecindario restregaba los burdos estambres, con su espacio “fronterizo” entre “Las Eras”; muy bien escobado por las vecinas y las hormigas arrastraban el grano rateado de las parvas, los chaveas zangoloteábamos a romper el espejo del agua y a perseguir los cardúmenes de calandinos, cachos y a los guerreros y reculones cangrejos; encandilando a las huidizas y astutas lampreas; imitando la presteza de las ranas, asidos a los contrafuertes de unos rieles de ferrocarril, que mandó clavar el alcalde de Tomelloso Abelardo Contento, cuando el desbordamiento del río en 1947.

Aquellos microuniversos con sus “arsenales” de biodiversidad y armonía, con sus inmaculados regatos y reguerones, donde saltaban susurros de la inocencia y los ayes y anhelos de nuestras madres, con sus ablandadas “almas”, los mecían y transportaban, eternamente, las ondas de la incontaminada corriente, hoy son sitio de hediondos e “infiltrados” cagarruteros y “cuadros” tontos… Aquellas madres, mientras lavaban, impetraban esperanzas, afanes y anhelos: “a Dios le pido que mi hijo sea abogao, que es una carrera de mucho crédito…” y otra replicaba: “¡claro! Pa hacer lo blanco negro, según le caiga, como “El Abogadillo” de La Solana, que sus ovejas se comieron la viña de un pobre y encima le tuvo que pagar por basurearle el huerto…”. Donde antes embarcaban y desembarcaban, a escondidas, en su corroído barquichuelo, pescadores “viejos”, hoy hay una tremolina de “naos” de refocile y pavoneo… Donde antes se miraban “muchos cielos” y los chavales nos afanábamos por capturar peces para el sustento; cuando “viajaban” desovando por la corriente de los riachuelos, hoy ya me extraña y extraño el universo nuevo; porque ahí se asolean guarras “descargas” de varias organologías y “navegan” corrompidos e inmundos elementos… Y así…, todo se va callando y también cayendo…; entiendo que por la “enterrada alma, del licenciado Pedro García…”. (Del Padre Isla). Ya, irremediablemente, ajeno a estos espacios y tiempos; entre universos infiltrados y colonizadores; imaginándome un orden imposible, sin entender que se trata de un proceso inquietante, pero irreversible…; los derroteros de la evolución y la “caída” de mi tiempo, me indican, mientras el sol se va despacio, con caricias doradas a las lomas de los cerros, (como un pasado que no pasa) que este ya no es mi universo… Que aquel universo de mi infancia ha pasado y se ha hecho viejo…